
La historia como aval y el futuro como excusa. Los más prometedores escritoras y escritores de la comarca ribereña se alimentan todos los años (desde hace ya diecinueve ediciones) en Benimodo, que el sábado volvió a acoger los Premios Literarios de Poesía y Narrativa Corta en valenciano. Alumnos de muchas de las localidades de la Ribera se dan cita todos los cursos en un certamen que sirve para “fichar” a algunas de las jóvenes promesas de la literatura local y comarcal. Es, ya, un escaparate sin igual. La Casa de la Cultura se vistió de gala este pasado fin de semana, con una gran representación de alcaldes y alcaldesas de la zona y la vicerrectora de la Universitat de València, Ester Alba Pagán, que quiso estar presente para demostrar la alianza entre Benimodo y el ente estudiantil desde que José María Machí Burguete fuese rector allá por inicios del siglo pasado. El acto, presentado magistralmente por el cronista local Rafa López Andrada, contó con la solemnidad suficiente como para dar empaque a unos premios literarios que, pese a estar dirigidos a estudiantes de instituto, logran año a año aportar obras de relevancia que sirven para entender el mundo que rodea.
En el presente acto, además, la organización (presidida por el alcalde, Paco Teruel) quiso homenajear también a los alumnos y alumnas que fueron premiados en 2020 y que, por culpa de la pandemia, no pudieron disfrutar del reconocimiento público merecido. Así, en la modalidad de poesía, el trabajo que se ha hecho con el primer premio ha sido ‘Resiliència’ de Carles Moltó Mondéjar, alumno del centro IES Eduardo Primo Marqués, de Carlet, que se lleva un premio en metálico de 500 euros. En segundo lugar, la ‘8ª Simfonia de Schubert’, trabajo presentado por el alumno Samuel Gay Lledó, del IES Joan Llopis Marí, de Cullera, que se hará con un premio por valor de 300 euros. Finalmente, cerrando el podio, y con un premio de 200 euros en metálico, ‘T’estime’, de Vanessa Esplugues Alcover, alumna del IES Eduardo Primo Marqués, de Carlet. Además, en esta modalidad, el jurado propuso al Ayuntamiento de Benimodo publicar, junto a las obras vencedoras, los trabajos ‘Retornar’, de Martina Breittmayer Díaz, del IES Hort de Feliu de Alginet; ‘La mà’, de Laura Monleón Lucas, del IES Eduardo Primo Marqués, de Carlet, y ‘A qui més vull’, escrito por María Sánchez Castilla del Colegio la Purísima de Alzira.
Por lo que hace a la modalidad de narrativa corta, los premiados fueron ‘Mamihlapinatapai’, de Mireia Cortés Bernadé, del IES Sucro, de Albalat de la Ribera, que se ha hecho con el primer premio y 500 euros; ‘Vint-i-nou’, de Álvaro Chinesta Llobregat, del IES Eduardo Primo Marqués, con el 2º premio y 300 euros y ‘Lluitaré per recordar-te’ de Ferran Selfa Bou del Colegio Sant Vicent Ferrer -Maristes- de Cullera con el tercer premio y 200 euros en metálico. Así pues, el jurado también propuso al Ayuntamiento publicar tres obras más, todas de alumnos del IES Eduardo Primo Marqués: ‘Records Persistents’, de Nerea Serrano Martínez; ‘Records d’infantessa’ de Álex Lacuesta Gándara y ‘Per ací tot va bé’, de Nerea Pueblas Romero. Por último, también se decidió que la obra ganadora del premio especial ‘Didín Puig’, sea ‘El meu carrer’, de la alumna de la Devesa School Gal·la Donate Martínez, con un premio en metálico de 300 euros.
Guarden sus nombres, quizá se familiaricen con alguno de ellos en un futuro cercano.








L’Ajuntament de Benimodo presenta la XI edició del Concurs de Piano per a joves intèrprets ‘Gabriel Teruel Machí’.








Puig tuvo que salir a Francia para poder estudiar periodismo sin tener que pasar antes por la sección femenina franquista. En el exilio trabajó cuidando a Florencia, los retoños de la cual, Jaume, Anna y Olivier, fueron como los hijos franceses de Didín. Olivier, a sus once años, le hace la pregunta: “¿Qué hacías para ser antifranquista?”. Didín repasa (y se recupera en el libro), a través de las cartas que le envió, la época de la dictadura y le muestra de manera amable, pero firme, qué acciones emprendía para mantener viva la llama de la resistencia antifranquista. Benimodo, València o París son los escenarios de las cartas. Desde una denuncia por hablar en valenciano a un policía, protestas ante la embajada española en París, las dificultades para poder enviar unas cartas a algunas localidades con el nombre en valenciano o anécdotas de los primeros conciertos de Al Tall son algunos de los hechos que describe Puig en estas misivas a Olivier.
Según explica Natxo Escandell: “Didín nos dejó en febrero de 2019. A su entierro vino todo el pueblo de Benimodo, gente de Francia, de Cataluña, consellers e ilustres del mundo cultural valenciano. Didín no era una cualquiera. Allí entendí que hasta entonces no había entendido nada, que Didín Puig era más de lo que ella nos decía. “Tampoco he hecho tanto”, “Ya ves tú, con la cantidad de gente importante y me entrevistas a mí”, “Hice lo que tenía que hacer, sin más”. Siempre me decía lo mismo, pero resulta que no, que ella era mucho más. Cuando leí aquellas cartas suyas pensé en que fácil llegarían a la gente joven. Que bien explicaba cómo era la vida en las postrimerías de la Guerra Civil y durante el franquismo. Pedagogía pura. No podíamos dejar pasar la ocasión de recordarla, de que alguna gente la conociera y de que el resto aprendiera de la mano de Didín. Y eso hicimos. Me puse con la contextualización histórica a partir de las cartas. Una a una. Hacía falta que la gente entendiera cómo se vivía en un pueblo pequeño durante la dictadura y qué consecuencias tenía”. Todo ello se muestra ahora en una investigación que se presentará en Carcaixent el 22 de abril y en Benimodo el 23. También en Castelló el 7 de mayo.
Un libro ideal para poder configurar un recorrido desde los años 30 hasta los 80: una época convulsa y, a la vez, históricamente apasionante, en la cual Didín Puig jugó un papel capital. Escandell añade: “Todo lo que me habían contado sobre Didín se quedó corto después de los primeros cinco minutos con ella. No era solo lo que me habían dicho, ¡era multiplicado por 10! Amable, sencilla, tierna y con muchas experiencias que no podían quedarse ahí dentro. Era una caja de sorpresas y cada historia superaba la anterior. Horas y horas escuchándola, aprendiendo y preguntando. Y Didín no se cansaba: siempre dispuesta a ayudar al resto. Aquello era Didín: la vida por los otros. Hablamos y hablamos. Y acodamos volver a vernos. Y así hicimos durante un verano. Hice de escribano de su vida. Yo, Dolors y Pau. Los tres escuchábamos y tomábamos notas entre dulces, cafés e infusiones. Casa Didín me dejó maravillado: papeles, libros, carteles, textos e imágenes se acumulaban por los rincones. Pero lo mejor que contendía aquel hogar era la propia Didín. Historias, anécdotas, vida y momentos que después de más de ochenta años continuaba teniendo presente”.

